jueves, 2 de octubre de 2008

Los líderes del 68 - Rosa Elvira Vargas

Cervantes Cabeza de Vaca

Pensar, decir y hacer: aún lucho, hay que aclarar el 68

Proveniente de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo y representante por esa institución ante el Consejo Nacional de Huelga.

Fue detenido el 28 de septiembre de 68, acusado de incitación a la rebelión, asociación delictuosa, rebelión, ataques a las vías generales de comunicación, daño en propiedad ajena, robo y despojo.

Durante su detención fue sometido a torturas y simulacros de fusilamiento. Estuvo preso en Lecumberri de 1968 a 1971. Al salir, se exilió en Chile.

Tomás Cervantes Cabeza de Vaca es ingeniero agrónomo; laboró en la Compañía Nacional de Subsistencias Populares, la Subsecretaría Forestal, la Universidad de Zacatecas, la Comisión Nacional Forestal; también en la Aric-Forestal en Chihuahua y para el Programa Nacional de Reforestación. Fue miembro fundador del Partido Mexicano de los Trabajadores.

Hoy, sostiene: “Me veo contento, orgulloso de haber participado en el movimiento y ver sus resultados. Si se volviera a repetir, ahí estaría yo. No me arrepiento absolutamente de nada. Vivo tratando de ser consecuente entre el pensar, el decir y el hacer. Y sigo peleando. Hay que aclarar el 68.

“A 40 años, pensar cotidianamente el movimiento es una parte de mi vida. Tengo más incógnitas que respuestas. La impunidad campea y mientras sobrevivan los grupos de poder que de alguna manera participaron, será muy difícil que ésta se acabe.

“Sin embargo, el movimiento logró una cosa muy imporante: sentar a un ex presidente (Luis Echeverría Álvarez) en el banquillo de los acusados. Pero de ahí a que se aclare, nada.”


Marcelino Perelló

La perspectiva que nos guió en 68 casi ha desaparecido

Representó a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ante el Consejo Nacional de Huelga.

Fue detenido cuando la policía allanó el local del Partido Comunista Mexicano y liberado poco después.

Tras el levantamiento de la huelga en la Universidad, salió al exilio, en enero de 1969.

Se graduó de matemático en la Universidad de Bucarest, donde también obtuvo una maestría en ciencias. Impartió cátedra en la Universidad de Barcelona y regresó a México en 1985.

Es maestro en la Facultad de Ciencias, articulista en periódicos y conduce un programa en Radio UNAM.

A cuatro décadas de Tlatelolco, expresa: “Cuando veo hacia atrás y considero aquello que hicimos, experimento una mezcla de admiración y vértigo. “Es inconcebible cómo unos escuincles de 20 años supimos montar una cosa tan hermosa y tan bien hecha.

“Nosotros atrapamos la historia. Entonces éramos casi niños y hoy somos casi viejos. De manera que el viejo no dirá lo que hubiera dicho hoy aquel joven. La edad lo hace a uno conservador.

“Y la memoria de aquellas jornadas nos hacen comprender no sólo que uno ha envejecido, también el mundo.

“Hoy aquello sería impensable. La perspectiva de transformación del mundo que nos guió, hoy prácticamente ha desaparecido.”


Raúl Álvarez Garín

Se mantienen las amenazas de violencia represiva

Alumno de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional y delegado por ese centro de estudios ante el Consejo Nacional de Huelga.

Quedó formalmente preso el 19 de octubre de 1968. Estuvo incomunicado más de 15 días en el Campo Militar número Uno. Fue acusado de daño en propiedad ajena, ataques a las vías generales de comunicación, sedición, asociación delictuosa, incitación a la rebelión, robo y acopio de armas, homicidio y lesiones. Sentenciado a 16 años de cárcel, pasó tres en Lecumberri.

Después fue profesor en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1977 a 1990 dirigió la revista Punto Crítico y mantiene un litigio laboral contra la Comisión Federal de Electricidad. Es uno de los principales activistas del Comité 68 Pro Libertades Democráticas.

Hoy, 40 años después de la masacre, asegura: “Siento un compromiso vital con los aspectos políticos generales, no sólo por la experiencia propia sino por lo que se muestra que continúa como amenaza grave en la vida nacional.

“Esto lo vivo como un problema de emoción también, porque uno siente que las amenazas de violencia represiva, de irracionalidad total, se mantienen y son de los componentes más graves.

“Pareciera que en la cultura política nacional la violencia está permitida, legitimada, y eso obliga a atender cuestiones muy finas, como el problema de la mentira, que parece algo que usa la gente con una facilidad pasmosa para remontar una situación.”


Eduardo Valle

Nunca aceptamos vivir de rodillas

Era representante por la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudiaba, ante el Consejo Nacional de Huelga.

De acuerdo con una sentencia del 18 de octubre de 1968, quedó preso y permaneció en la penitenciaría de Lecumberri hasta 1971.

Maestro universitario, fue cofundador de los partidos Mexicano de los Trabajadores (PMT), Mexicano Socialista (PMS) y de la Revolución Democrática (PRD).

Ocupó una diputación federal a finales de los años 80; también se desempeñó como asesor de la Procuraduría General de la República y colabora como periodista en varias publicaciones.

Hoy, cuatro décadas después de la masacre de Tlatelolco, Eduardo Valle sostiene: “Después de (padecer) un cáncer terrible, muy difícil, estoy medio cansadón, aunque todavía puedo hacer mis columnas (periodísticas).

“Recuerdo que el 13 de septiembre (de 1968), día de la manifestación del silencio, fui el orador final por parte del Consejo Nacional de Huelga.

“Todo era muy difícil por las brutales respuestas de Gustavo Díaz Ordaz.

“Me costó mucho trabajo ese discurso y dije que podrían masacrar a los estudiantes y al pueblo, pero nunca podrían convencernos de vivir amordazados y de rodillas.

“Después de 40 años regresas (al país) y te preguntas frente al espejo: ¿deveras lo dije? Sí, y te da un enorme orgullo.

“Yo cumplí un papel, lo cumplí bien, me siento bien.”


Martínez della Rocca

Nos derrotaron militarmente, no al proceso histórico

Estudiante en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e integrante del comité de lucha de ese centro educativo.

Fue detenido el 28 de agosto de 1968. Acusado de secuestro, robo y resistencia de particulares, estuvo recluido en Lecumberri dos años, seis meses y nueve días.

Salvador Martínez es doctor en sociología y tiene posdoctorado en sociología de la educación; ha sido profesor en la UNAM, la Escuela Nacional de Antropología e Historia y la Universidad de Guerrero. Es miembro fundador del Partido de la Revolución Democrática y ha sido delegado en Tlalpan, diputado federal en dos ocasiones y en la actualidad a la Asamblea de Representantes del Distrito Federal.

A 40 años de Tlatelolco, afirma: “Me veo igual que entonces. Soy un optimista bien informado. Si analizas el movimiento en términos de coyuntura, nos masacraron y derrotaron militarmente, pero no como proceso histórico.

“El país ha avanzado mucho en aspectos como la equidad de género, la aceptación a la diversidad sexual, ya no hay razzias, la gente puede cambiarse de género, etcétera. Todo eso no se puede explicar sin el 68. Evidentemente, después, en los 80, con Cuauhtémoc Cárdenas se avanzó a una libertad democrática novedosa y vino el fraude de 2006.

“Hay logros, pero ahora tenemos un país que no teníamos en el 68: miseria, pobreza extrema, migrantes, rechazados en la educación media y superior, salarios de hambre, desempleo, niños de la calle, y todavía así el gobierno dice que somos la economía número nueve en el mundo. ¡Les debería dar vergüenza!”


Ana Ignacia Rodríguez

He luchado durante 40 años y hoy exijo justicia

Procedente de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, era representante del comité de lucha, del área de finanzas de Derecho.

Fue detenida en tres ocasiones: 18 de septiembre y 4 de octubre de 1968, y 2 de enero de 1969.

Fue condenada a 16 años de prisión por ocho delitos del fuero común –robo, homicidio y lesiones, entre otros– y dos del federal –incitación a la rebelión y sedición. Con su compañera Roberta Avendaño Martínez, La Tita (fallecida en agosto de 1999), permaneció dos años en el penal de Santa Martha Acatitla.

Es jubilada de la Secretaría de la Reforma Agraria y laboró en la delegación Coyoacán. Estudia derechos humanos en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y forma parte del Comité 68 Pro Libertades Democráticas.

Hoy, 40 años después de la masacre de Tlatelolco, manifiesta: “Me veo como una Nacha llena de fortaleza a pesar de mis 64 años. Soy diabética, hipertensa, tengo hijas y nietos, pero me siento muy fuerte. He luchado durante 40 años y sigo en la misma petición de justicia, de cese a la impunidad, de castigo a los responsables de Tlatelolco y de todo lo que nos hicieron. Como Comité 68 llevamos el aspecto legal de la demanda, no sólo sobre lo ocurrido en aquel movimiento, también del 10 de junio de 1971 y la guerra sucia.

“A las mujeres antes no se les tomaba en cuenta. Hasta que nosotras empezamos a luchar por los espacios. Fuimos brigadistas, informábamos en los camiones, íbamos a las plazas públicas, a los mercados, las fábricas. Nuestra participación fue definitiva.”


Guevara Niebla

Siguen vivas prácticas y valores del autoritarismo

Fue representante de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México ante el Consejo Nacional de Huelga.

Al igual que muchos de los dirigentes del movimiento estudiantil de 1968, estuvo preso en Lecumberri hasta 1971.

Licenciado en biología y con grado de doctorado por el Instituto de Educación de la Universidad de Londres, ha sido profesor, subsecretario de Educación y editor de la revista especializada Educación 2001.

A 40 años de Tlatelolco, Gilberto Guevara Niebla señala: “Soy un mexicano comprometido con mi país y con la democracia. Soy profesor, estoy comprometido con mi profesión docente. Creo que con mi trabajo contribuyo legítima y responsablemente a impulsar los cambios por los que luchamos en 1968.

“El 68 influyó de forma determinante sobre mi vida, pero no soy una persona amargada. He podido formar una familia; tengo tres hijos que me llenan de orgullo.

“Pienso que a mi generación se le negó la oportunidad de desarrollarse en el plano de la política democrática y que aún hoy se le descalifica injustamente.

“Lamentablemente muchas de las prácticas y valores que fueron típicos del viejo autoritarismo se conservan en la vida nacional.

“El sistema no ha desaparecido; no obstante, sí hay una democratización parcial del Estado.”


Roberto Escudero

Abrimos espacios para encontrarnos con la gente

Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), representaba a ese centro escolar en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

Si bien no fue detenido en 1968, estuvo exiliado en Chile de 1969 a 1971. Después de la masacre de Tlatelolco Escudero Castellasnos formó, con Marcelino Perelló, Federico Emery y Ángel Verdugo, el núcleo central de dirección del CNH. Con Gerardo Estrada redactó el Manifiesto a la Nación 2 de Octubre, con el cual se puso fin a la huelga estudiantil el día 17 de ese mismo mes.

Maestro jubilado, impartió cátedra en la UNAM y en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Dirigió las revistas Punto Crítico y Territorios.

Hoy, afirma: “Hacia abajo veo un bastón; a la altura de mis ojos veo mi trabajo académico que me dio muchas satisfacciones. Un problema en la cadera me obligó a jubilarme y ahora estoy escribiendo y estudiando mucho.

“Hoy muchos quieren encontrarle herederos al 68, como Andrés Manuel López Obrador. No estoy de acuerdo. Nosotros nunca cerramos las calles a la población. Al contrario, buscábamos espacios donde encontrarnos con la gente. Voté por él, pero me arrepentí a los dos días.

“Quiero manifestar mi indignación por lo ocurrido en la discoteca News Divine. Fue algo profundamente lamentable. Me deprimió e indignó la respuesta del gobierno. Por eso felicito a los padres que han decido dedicar el dinero que se les dio por indeminización para pagar buenos abogados que encuentren a los responsables de esos hechos.”


Félix Hernández Gamundi

Transformar el país requiere de hallar un nuevo rumbo

Estudiante de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional y representante de ese plantel educativo ante el Consejo Nacional de Huelga.

Fue detenido el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Golpeado, se le trasladó primero al Campo Militar número Uno y después estuvo preso dos años en Lecumberri.

Como casi todos los participantes en el mitin realizado en Tlatelolco, fue acusado de homicidio, entre otros delitos.

Es especialista en problemas del agua y participa en organizaciones ambientalistas. También es integrante del Comité 68 Pro Libertades Democráticas.

Ahora, expresa: “Me siento con un gran compromiso. Tengo la convicción de que el movimiento del 68 rompió todos los esquemas de la política mexicana. Recuperó los espacios públicos para la disidencia política, para todos los que estaban fuera del aparato de control del Estado que exhibió entonces, con una crudeza tremenda, su carácter represivo, autoritario y caduco.

“Hemos avanzado mucho en 40 años. Somos una sociedad más demandante, crítica y, sin embargo, estamos ante la necesidad de encontrar un nuevo rumbo para la transformación del país.

“Tenemos un ambiente de impunidad enorme y estamos ante el imperativo de romper ese manto bajo el cual se protegen los poderosos para lograr, verdaderamente, diseñar un camino para la democracia y un nuevo país.

“De ninguna manera estoy amargado. El Estado no ha cambiado, pero la sociedad sí.”

www.jornada.unam.mx/2008/10/02/3.html