sábado, 22 de noviembre de 2008

En Busca del Líder Perfecto

Paulo Coelho
Por: Paulo Coelho
Un lector me envía un cuestionario. En él, presenta el perfil de tres líderes mundiales que vivieron en la misma época, y pregunta si es posible escoger al mejor de ellos a partir de los siguientes datos:

Candidato A: tuvo contacto con curanderos, consultaba a astrólogos con frecuencia. Tenía dos amantes. Su mujer era lesbiana. Fumaba mucho. Bebía de ocho a diez martinis por día.

Candidato B: no conseguía mantenerse mucho en el mismo empleo debido a su arrogancia. Dormía hasta el mediodía. Fue consumidor de opio en el colegio, y siempre fue un mal alumno. Bebía una copa de coñac todas las mañanas.

Candidato C: fue condecorado como héroe. Era vegetariano. No fumaba. Tenía una disciplina ejemplar. Bebía una cerveza muy de vez en cuando. Permaneció con la misma mujer en sus momentos de gloria y en sus momentos de derrota.

¿Y cuál es la respuesta?

A) Franklin Delano Roosevelt. B) Winston Churchill. C) Adolf Hitler.

¿En qué consiste entonces el liderazgo? La enciclopedia lo define como la capacidad de un individuo para motivar a otros en la consecución de objetivos. Las librerías están llenas de títulos sobre el tema, y a los líderes se les pinta con colores brillantes, atributos envidiables, e ideales supremos. El líder es para la sociedad lo que el “maestro” es para la espiritualidad. No obstante, esto no es del todo verdad (en ambos casos).

Nuestro gran problema, en un mundo que se está volviendo cada vez más fundamentalista, es no tolerar que las personas en posiciones destacadas tengan errores humanos. Siempre estamos en busca del gobernante perfecto. Estamos siempre esperando que un pastor nos dirija y nos ayude a encontrar nuestro camino. En realidad, las grandes revoluciones y los grandes avances de la humanidad fueron impulsados por personas iguales a nosotros —con la única diferencia de que aquéllas tuvieron el valor necesario para tomar una decisión clave en un momento difícil—.

Hace ya bastante tiempo que, en mi inconsciente, sustituí la palabra “líder” por la expresión “guerrero de la luz”. ¿Qué es un guerrero de la luz?

Están en el mundo, forman parte de la vida de otras personas, y comenzaron su jornada sin alforjas ni sandalias. Son cobardes. No siempre hacen las cosas bien.

Sufren por banalidades, tienen actitudes mezquinas, y a veces se consideran incapaces de crecer. Se creen indignos de cualquier don o milagro.

No siempre están seguros de lo que están haciendo. Muchas veces pasan las noches en vela, pensando que sus vidas no tienen sentido.

Todo guerrero de la luz, en alguna ocasión, tuvo miedo de entrar en combate. Todo guerrero de la luz, en alguna ocasión, perdió la fe en el futuro.

Todo guerrero de la luz siguió por algún tiempo un camino que no era el suyo. Todo guerrero de la luz pensó alguna vez que no era guerrero de la luz y no cumplió con sus obligaciones espirituales.

Por eso es un guerrero de la luz; porque pasó por todo eso, y no perdió la esperanza de ser mejor de lo que era. Son guerreros de la luz porque se equivocan. Porque se hacen preguntas. Porque buscan una razón —y no cabe duda de que van a encontrarla—.